“Vamos a dormir la última noche en la casa”, le dijo Fabiana Oyarzún a su pareja Emanuel Herrera el sábado por la noche, antes que se desatara la catástrofe en Comodoro Rivadavia. Nunca imaginaron que todo lo que conocían y amaban quedaría destruido en cuestión de minutos. “Mi casa era un ranchito, no te voy a mentir, pero era mi casa”, confiesa a Clarín.
“Se hablaba que en 48 horas todo podía caerse”, dice Emanuel. Los vecinos de Sismográfica, uno de los barrios más afectados por el desplazamiento del cerro Hermitte, estaban asustados. Pero, según cuentan, la municipalidad les había pedido esperar hasta el martes. Entonces, la familia decidió pasar la última noche en su casa y evaluar la situación al día siguiente.
El reloj estaba por marcar las doce de la noche cuando un sonido seco y fuerte retumbó a lo lejos. No hubo tiempo para nada. Se cortó la luz y quedaron a oscuras. Emanuel escuchó gritos, mientras las paredes de su casa empezaron a rajarse. Allí, vivía junto a su pareja Fabiola y sus dos hijos Jorge (5) y Aitana (1).
“¡Salgan porque está explotando todo!”, dijo un vecino corriendo para alertar a los que todavía estaban adentro. El piso comenzó a abrirse con grietas enormes. Fabiana acababa de sacarle las zapatillas a su hija para acostarla, cuando la grieta de diez centímetros en la puerta de la entrada se abrió hasta casi un metro.
“Saltamos de costado para salir. La veo a mi mamá y le digo: ‘Llevatelas’”, recuerda Emanuel. La beba tiene un problema de salud y él hizo todo lo posible para que estuviera a salvo. Muchos vecinos quedaron atrapados y fueron rescatados horas después.
A cinco días de la catástrofe, la mayoría de las calles están llenas de grietas y muchas casas, como la de Emanuel, se derrumbaron o quedaron partidas por la mitad. Un paisaje desolador, con el cerro amenazante de fondo.
“En un día se nos rompió la casa. Siento que perdí todo”, dice Emanuel, que vivía desde hace 24 años en la parte de arriba de Sismográfica. Su voz tiembla de angustia. De su casa solo quedan un par de columnas, una pared y una puerta. Todo lo demás está desparramado entre los escombros.
Hoy están en un albergue deportivo, junto a otras familias, facilitado por la municipalidad. Los cuatro ocupan una sola habitación, y el baño es compartido con todos los que viven ahí.
“A mí nunca nadie me dio una mano para hacer mi casa. La hice a pulmón y sentís que lo dejás todo ahí. Tuve a mi hija, la crié ahí, a mí se me parte el alma. Hoy nos están dando un techo acá, pero no hay lugar como la casa de uno. Mi casa era un ranchito, no te voy a mentir, pero era mi casa”, dice.
Emanuel recuerda que ese sábado hubo una reunión temprano, improvisada por los vecinos que estaban molestos y preocupados. Querían saber qué pasaba y sí estaban seguros.
“Querían una solución. El barrio estaba muy intranquilo porque habían sucedido otras cosas antes. Los del municipio querían que nos quedáramos hasta el martes y recién ahí nos iban a dar una solución”, explica el joven.
“Miraba a la nena y no podía estar tranquilo”
Emanuel dice sentirse ahogado. Y no es para menos. “Todo esto pasó el sábado, el domingo la tenía descalza, no teníamos pañales, no teníamos nada. Mi mujer me decía que esté tranquilo, que fue algo de la naturaleza. Yo la miraba a la nena y no podía estar tranquilo”, dice a este medio.
A todo lo ocurrido, se suma el problema de salud de su hija Aitana (1). “Mi nena tiene un quiste en la cabeza y la tienen que operar. No sabemos por qué le salió”.
Los médicos empezaron diciendo que era un sobrehueso, después que era un hematoma, luego un quiste benigno y que debían controlarlo. Pero la beba empezó a sufrir convulsiones.
“Ahí nos dijeron que no tenía que crecer y después empezó a crecer. Ahora hay que operarla para sacarlo”, explica, mientras su hija camina curiosa por todos los pasillos del albergue.
Este lunes debían ir al hospital para pedir el turno de la cirugía, pero no pudieron. Pasaron el día entre los escombros para rescatar algunas pertenencias.
“Solamente hay 45 viviendas”
Emanuel cuenta que este martes personal del municipio recorrió los albergues y otros espacios donde se alojan las más de 200 familias evacuadas. “Vinieron y nos dijeron que solamente hay 45 viviendas”, dice.
Y agrega: “Nos dijeron que habrá planes de alquileres con montos bajos. Aparte si hablamos de Sismográfica solo tenes 263 familias, más o menos y tenés 45 viviendas. No arreglas ni a palos. Está la gente de El Marquesado y la gente del Médanos ahora”.
Desde la municipalidad aseguran que las 45 viviendas están relacionadas con un plan anunciado por la provincia de Buenos Aires, a través del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV).
Sin embargo, hoy el número de casas afectadas asciende a casi 500, debido a la evacuación del barrio Médanos. Antes, ya se habían evacuado las zonas de Sismográfica y El Marquesado.
En cuanto a los montos de los alquileres, el municipio sostiene que es imposible dar todavía una cifra de los subsidios que se otorgarán a las familias damnificadas.
“Vamos a armar un fondo de economía interna, subsidios para la gente, pero con el presupuesto del municipio y de la gobernación no alcanza. Ojalá contemos con el apoyo del gobierno nacional e YPF. Solos es imposible”, explica a Clarín el intendente de Comodoro Rivadavia, Othar Macharashvili.
Y agrega: “No van a poder volver a vivir acá. Todos los informes de los geólogos indican eso. Hace 30 días que le decimos a la gente que debe autoevacuarse”.
La mayoría de los asentamientos en las zonas afectadas no tienen título de propiedad. En 1969 se registró el primer movimiento. Con los años, los lotes se fueron ocupando de manera irregular. “Heredamos esto. Se consolidaron como una urbanización desordenada”, explica el intendente.
Emanuel y Fabiana no tenían escritura, pero pagaban todos sus impuestos. Soñaban con mejorar su casa. Hasta habían comprado materiales para agrandar los espacios y que “los niños estén cómodos, tengan sus piezas aparte”.
Todo quedó destruido. “Ahora me había anotado si podía subir al barrio otra vez (se sube con alguien autorizado como Defensa Civil) para rescatar algo más”, cierra.
Enviada especial a Comodoro Rivadavia.
AA
