Con aire de abolengo cívico, la República de la Sexta es un mosaico urbano con una identidad que sus habitantes se encargan de destacar. Suma transformaciones y enhebra organizaciones sociales y religiosas, clubes de barrio, actividad comercial y la vida interna tanto de la Ciudad Universitaria Rosario (CUR) como del Centro Científico Tecnológico Rosario (CCT-R).
Los vínculos que se gestan y entrelazan en estos contextos dan forma a la vida cotidiana del barrio que, en 2025, celebró la inauguración de la Estación Siberia, una parada segura de transporte público, dentro del ingreso al CUR.
La versión rosarina de República admite varios antecedentes, como el barrio La Boca, o la resistencia al Golpe Militar de 1955, y versiones posteriores que demostraron unidad. Sus límites son las avenidas Pellegrini, 27 de Febrero, el acceso sur y la calle San Martín. Amplia zona con distintos perfiles demográficos que imprimen otras tantas dinámicas, con áreas sencillas, de edificios y comerciales. Pero el eje articulador es sin duda el ser sede de Facultades y Escuelas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), en el CUR, Riobamba 350 y del CCT-R, (Conicet) en Esmeralda y Ocampo.
República de la Sexta, campus y barrio
“La Siberia, como se le llama al CUR, y el barrio, no sólo tienen una conexión geográfica, también institucional en espacios que se cogestionan con áreas de la Municipalidad, como el Centro Cuidar, la Dirección de Orientación Estudiantil y proyectos de Extensión en diálogo con el territorio, y el Centro de Cuidado Infantil para niños de 1 a 3 años, tanto del barrio, como de docentes y estudiantes”, explica el presidente de la Federación Universitaria Argentina (FUA), y vecino de la Sexta, Joaquín Carvalho. Y suma el alquiler que generan los estudiantes en la zona.
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El Centro Cuidar, Esmeralda y Cochabamba, Municipalidad y CUR, es un punto fuerte de referencia barrial con actividades de inclusión para todas las edades, y como dispositivo territorial en la Prevención y Abordaje de Consumos Problemáticos, de orientación, atención psicológica y espacios grupales para jóvenes y familiares.
Solidaridad y compromiso
En la pandemia, el barrio fue uno de los lugares con más comedores y ollas populares, el dato destaca su matriz comunitaria, en la que abreva el Movimiento Solidario Rosario, Pasco 144. Allí, y en articulación con la Provincia, “dictamos cursos de oficio que en 2025, permitió capacitar 180 alumnos, tenemos un Centro Cultural que motoriza actividades y programas culturales e integramos la red de 26 comedores comunitarios de la ciudad”, cita a modo de ejemplo su portavoz, Ricardo Camarasa. La agenda 2026, incluye un Centro de Día. “Acá hay vecinos organizados, con inquietudes sociales, con ganas de salir adelante y una mirada humana que es muy transversal, un sello hermoso del barrio”, enfatiza.
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La parroquia del Pilar, Colón 1839 y su capilla María Madre de la Esperanza, en Cerrito 177 bis, ofrecen espacios para adultos mayores, talleres de costura y tejido con fines solidarios, alimentos y ropa de Cáritas, acompañamiento psicopedagógico, cuidado de niños, apoyo escolar, meriendas diarias y talleres para mujeres articulando con la Facultad de Psicología y meriendas, entre otros Programas de alto contenido social y de cuidado. Otra parroquia del barrio, San Cayetano convoca multitudes.
Reordenamiento urbano
El barrio tiene en marcha un proyecto estructural de urbanización, que por su complejidad lleva años. Incluye reubicar asentamientos desde el CUR hacia Cochabamba y de Berutti al río, para liberar los predios de la UNR y poder realizar obras. La primera etapa incluyó: la reubicación de 69 familias en Esmeralda y Viamonte, uno de los tres complejos de vivienda proyectados, liberación de la traza de Berutti, entre Cerrito e Ituzaingó, que ahora se llama Avenida de la Universidad, y la inauguración de la Estación Siberia; en sucesivas etapas la nueva arteria llegaría a 27 de Febrero.
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“Creo que está lejos de finalizar, incluso se están haciendo mejoramiento de pasillos en Cochabamba y Pasco, de Berutti hacia el río, mejorando las condiciones de ese hábitat. La relocalización comenzó sólo con los frentistas de Berutti, desde Riobamba hasta Ituzaingó, pero tiene que llegar hasta Cochabamba, es decir faltan dos cuadras enteras”, describe el concejal Mariano Romero (PJ) y vecino del barrio. Y agrega que la Sexta tiene dos polígonos de barrios populares: el mencionado Berutti hacia el río, y otro entre Esmeralda y Chacabuco, Pellegrini e Ituzaingó, donde no hay ninguna intervención ni programada.
Clubes, escuelas, la Biblioteca Mitre, y hasta la concentración de comercios para repuestos de auto, en calle San Martín, “hacen conocido al barrio”, cita Guillermo a modo de ejemplo. Lo dicho, un mosaico de vivencias que no olvida aquellos bravos días de la resistencia que los convirtió en República.
Personaje del barrio: pastor Gorosito, de la celda a la prédica
Pedro Gorosito es pastor evangélico y la profundidad de su fe, le permite afirmar que Dios “va trabajando de manera sobrenatural porque lo natural lo conocemos todos”. Y fundamenta su certeza: “Yo mismo soy testimonio del cambio que sucedió cuando estaba en una celda de la Unidad 3 (Rosario), en 2004, la última vez que caí detenido”.
Hoy no sólo intenta ese mismo cambio espiritual en las cárceles, sino que acompañan en los primeros meses a quienes salen en libertad con alimentos, dinero en la tarjeta y ayudarlos a conseguir trabajo, hasta verlos encaminados. Además atiende la iglesia Fuego y Avivamiento, en Pasco y Esmeralda “el corazón de la Sexta, donde las cosas cambiaron”.
Cambios para mejorar la vida cotidiana
“Hace seis años Dios me puso acá, era un barrio muy violento, mucha muerte y balacera, competencia en la zona por la droga, no todos los pastores aguantaron la presión y amenazas, apenas llegamos acá con mi esposa, Mabel Almaraz, nos tiraban piedras, tuvimos que trabajar con eso, no llamamos a la policía, nunca fuimos por ese lado porque no era eso, era espiritual”, explica.
Y destaca cambios que mejoraron la vida cotidiana del barrio como veredas, iluminación “hay cosas como en cualquier parte de la ciudad, pero esto antes era zona roja, el robo era una pasarela, también hay mucha prevención”.
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En la iglesia Fuego y Avivamiento, Pedro y su esposa, trabajan predicando, con el comedor y con la escuelita a la que asisten unos 40 niños, a quienes también los asisten con ropa, zapatillas, merienda, “y se van con sus biblias chiquitas para que puedan crecer y no los tomen los narcos hasta que se terminan perdiendo, los traen los padres con quienes también trabajamos si toman alcohol o drogas”. Además, el ministerio profético apostólico que profesan, incluye un programa en la FM 96.7 y un intenso trabajo carcelario.
Mucho trabajo
Encargado del ministerio carcelario de la Unidad 6 (Rosario), también predica en las cárceles de Piñero y Coronda, y las unidades penitenciarias: 3 zona oeste, 5 de mujeres y 12 de Pérez. “En muchos casos también entra mi esposa para ministrar sobre las familias de los detenidos, les hablamos con el corazón, tenemos bastante trabajo”, comenta. La pregunta es ineludible ¿qué les dice, cómo llega a ellos? Y la respuesta sorprende: “Porque yo soy testimonio de lo que les estoy predicando, yo estuve ahí, era una persona violenta, siempre con armas, no me sujetaba nada, y Dios me sacó de todo eso, yo puedo testificar por lo que Cristo hizo en mi vida”, enfatiza.
No pasa por alto que no es una tarea fácil, y hay que ser paciente, como “la paciencia que Dios tuvo conmigo que aunque quise volver a mi vida anterior no pude, así de grande fue el cambio que tuve, me marcó”, argumenta. Y dice que junto a su esposa ven la mano de Dios en los frutos de sus acciones “trabajamos con todas las necesidades de la gente no sólo un plato de comida sino en lo espiritual, hablamos, escuchamos, y vemos como Dios actúa de manera sobrenatural, lo natural ya lo conocemos”.
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La resocialización
El trabajo de resocialización que realiza junto al pastor principal, Eduardo Rivero, destaca por el seguimiento y acompañamiento de los liberados, como parte del ministerio carcelario. “Cuando salen tienen nuestros teléfonos, los asistimos con alimentos, cargamos dinero en sus tarjetas y el resto de la comunidad ayuda a repartir currículos, o los líderes de la iglesia que tienen empleo efectivo les van consiguiendo trabajo, también hay pastores que son empresarios y van pidiendo cuando necesitan gente”, describe. Sobre el engranaje que pone en acción la solidaridad de su iglesia para evitar lo que antes sucedía, no durar en libertad.
“Cristo me guardó de que no me maten muchas veces antes de caer detenido, en 2004, en el lugar que más sufrí, pero salí convertido y empezó a usarme para ir a las cárceles a convertir”, relata y termina la entrevista con un “Dios me la bendiga”.
