La rotonda de las avenidas Eva Perón y Wilde parece distribuir un tráfico incesante hacia los puntos cardinales en los que el barrio Fisherton se expandió generando escenarios urbanos que se fueron consolidando con nombre propio. Un lugar tradicional, tranquilo y verde, que hoy experimenta una gran transformación.
La imagen de la Virgen del Rosario, una de las tres ubicadas en otros tantos accesos a la ciudad, ahora queda en medio de la densidad demográfica generada por un proceso que en casi medio siglo transformó la morfología del oeste rosarino. Pero en el corazón del barrio tradicional, sobrevuela la nostalgia. Sienten que “el último envión” evolutivo, está cambiando el perfil de arboledas frondosas y tranquilidad en el que eligieron vivir desde hace décadas.
Espacio verde en disputa
Como ya se sabe las metamorfosis no son inocuas. Y la transformación de la postal de casas bajas, con parques, jardincitos y el aire diferente que filtran los árboles, es la primera mención cuando hablan del barrio. El espacio verde está en disputa y divide aguas. La nostalgia no significa lo mismo, para unos garantiza la identidad, para otros aquieta los vientos de cambio que “causaron mucho revuelo sobre todo los que se hicieron en el casco histórico”, dice María Laura, bisnieta de quienes construyeron una de las primeras casas del lugar que en 1900, era “campo”.
Los habitantes del Fisherton histórico, como gustan nombrarlo, ubican sus límites entre Circunvalación, el Aeropuerto, y las calles Eva Perón y Schweitzer. Para la concejala mandato cumplido y vecina del lugar, Laura Weskamp, “los límites se van volviendo difusos y la gran pregunta es, los barrios Aldea, San Eduardo, Palos Verdes, Hostal del Sol, son sectores propios o sub barrios de Fisherton, que al sur de Eva Perón, se extiende en Fisherton R y todo lo que va creciendo, igual que hacia Funes”. Y dio la respuesta “si bien todos decimos que eso sigue siendo Fisherton, no deja de ser un interrogante”.
Barrio en plena transición
“El barrio está dentro mío, moldea la forma de vivir, con sus tiempos, no es lo mismo que vivir en el centro, genera un carácter una forma de andar en la vida”, explica Jorge Thoroughgood, al frente de Gimme Shelter (Dame Refugio) en bulevar Argentino 8013, una casona histórica del siglo XIX, que transformó en restaurante y casa de té. Anota un punto a favor de la seguridad con respecto a dos años atrás y dice que el barrio y sobre todo su casco histórico “está en una transición”. En opinión las casas con terrenos muy extensos, deberían derivar en “complejos habitacionales para familias jóvenes, que den un poco más de vida al barrio, esto, controlado, para que el barrio no pierda su esencia, debería derivar en algo positivo”.
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Claro que una transición no siempre representa lo mismo. “Lo que más se siente es la desaparición de las grandes casas y terrenos, como se van subdividiendo y surgen condominios en lugares impensados, eso va cambiando la identidad al barrio, hay decenas de casas en venta con cartelitos clavados en la vereda”, dice Weskamp. Y consideró las causas: la gente mayor que las habitaban o van desapareciendo o las casas quedan grandes después que los hijos se van y el mantenimiento cuesta.
Aquellos años en Fisherton
María Laura coincide con la explicación, califica de “muy disruptivo lo que está ocurriendo”, y evoca la memoria de esas familias pioneras como su abuela materna que impulsó la construcción de la escuela parroquial Stella Maris, primera de nivel secundario en el barrio. O cuando la vereda del Instituto Fisherton de Educación Integral, Morrison 7971, se colmaba de bicicletas que nadie tocaba.
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En la Integral, como se la llama, trabajó cuatro décadas Susana Comi que hoy recuerda el barrio al que consideraba “un útero verde, llegaba desde el centro a esos paisajes que armaban la vegetación, los árboles, el otoño, el frío y la escarcha, era algo tan convocante que hizo que me quedara tantos años en ese lugar”, dice y coincide “el barrio fue cambiando su fisonomía” y del otro lado de Eva Perón, el barrio ya se parece a cualquier otro de Rosario.
fishteron
Restobar Gimme Shelter, sobre bulevar Argentino, en el corazón del barrio Fisherton.
Celina Mutti Lovera / La Capital
Se trata de Fisherton Residencial (R), lugar del que Martín Sosa valora la tranquilidad y al que califica en expansión con condominios que ofrecen amenities. Aunque no pasa por alto un “problema serio como la falta en la provisión de agua y el manejo de residuos sólidos, algo que es más cuestión de los vecinos”. Justamente son los servicios un punto en común con Fisherton histórico donde según los vecinos, “hay que completar la red pluvial, avanzar con la obra de cloacas y arreglar las calles con pozos”.
Instituciones educativas, sociales y deportivas
“Nací y me crié acá y al crecimiento no lo acompañaron ni las normativas ni la infraestructura, aunque algunos límites se pusieron”, dice Ana Laura, de activa participación en el corazón histórico del barrio, contexto de instituciones educativas, sociales y deportivas.
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En esa agenda anotan: la parroquia Cristo Rey, con sus anexos donde se realiza trabajo social, la escuela pública Cayetano Silva de cuya construcción participaron padres de alumnos, el Centro Cultural Fisherton que funciona en otro ícono la Estación de Trenes Antártida Argentina y los clubes Atlético Fisherton, Unión Americana y Club Social Fisherton. En Fisherton R anotan el Centro Asturiano y las escuelas Gabriela Mistral y Provincia de Entre Ríos y la parroquia Nuestra Sra de la Asunción con su escuela.
Fisherton de anécdotas y película
Con haber surgido en 1889 cuando los ferrocarriles diseñaban lo social y económico de las áreas urbanas en las que se extendía, Fisherton conserva anécdotas como la casona que renovó Thoroughgood, donde David Parr, después de que su familia regresara a Inglaterra, vivió en soledad como veterano de guerra y con el dolor sus secuelas hasta su muerte en 1994. O el Haras Ascot, al que Carlos Gardel venía siempre simpático a visitar a su caballo Lunático, o la casona de calle Tarragona, donde cuentan que se filmaron escenas de la premiada película Miss Mary. Los árboles, la identidad y la memoria, se abroquelan en el corazón de un barrio que se transforma.
